¿Sabías que… Albert Einstein, cada vez que tenía que resolver un problema, era tocando un violín como era capaz de imaginar la solución?
Hemos visto y experimentado que la música puede ser un potente motivador (el Barcelona de Guardiola con “Viva la Vida”, de Coldplay), o cómo muchas películas sin una gran banda sonora no nos llegarían al corazón (Amélie, el trabajo de Yann Tiersen), pero, ¿puede ayudarnos la música en el proceso de aprender y el marketing?
El cerebro necesita patrones para entender el entorno y darle sentido. Son reglas para hacer predicciones y formarnos expectativas. Eso, nos lo da la música ya que no sólo transmite emociones, sino información, más de lo que ofrecen las palabras, y nos da justo esa estructura necesaria para entender lo que muchas veces nuestros ojos son incapaces de interpretar por completo, ya que el ruido que podamos tener mientras percibimos las señales no nos permite hacer un correcto análisis de la situación.
Por ejemplo, la música es capaz de evocar el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestras emociones, algo importante en las terapias para ayudar a los pacientes que padecen trastornos de sus estructuras neuronales que tienen que ver con las emociones, como traumas. Los niños autistas escuchan y aprenden la música de la misma forma que los no autistas, no hay diferencia como en el caso del lenguaje y la empatía, donde sienten un gran interés por la música y son propensos a crear con otros. En terapias es más fácil acercarse a ellos a través de la música, que puede enviar información, siendo de gran ayuda por parte de educadores y familiares poder transmitirle quizás ya no solo educación, sino sus alegrías o temores y poder recibir un feedback o respuesta por parte de ellos, de una forma casi única y que apenas tiene alternativas. Realmente, si niños que sufren autismo pueden comunicarse con otros mediante la música, ya sea creando o escuchando, de una manera que no pueden hacer por las palabras, si pueden empatizar, ponerse en el lugar de los demás, no hay ninguna duda de que no tienen más que ganar con la música, ya que no es seguro que siempre sea así con las palabras, siendo un lenguaje como cualquier otro sin entender de culturas.
Mientras hacemos música (aunque yo ya aparqué mi guitarra y mi afición de cantautor), volvemos a vivir todas esas experiencias que hemos tenido. Mientras transmitimos música, conseguimos hacer partícipes de nuestros sentimientos a otra persona, a esa otra persona… Y mientras escuchamos música averiguamos qué quiere el otro, que desea, o en qué cree sin que nos lo diga explícitamente. Por lo que la música, en un entorno 2.0 puede tomar un peso enorme, ya que un eslogan, una imagen, una campaña, pueden llamarnos la atención y recordarla durante mucho tiempo, pero una canción, una melodía, o un par de en apariencia simples notas que te parten el corazón y te hacen llegar su mensaje, no se deja de sentir nunca.
Y con todo esto, ¿cómo no vamos a ser capaces de introducir la música en el marketing 2.0? ¡Sólo habrá que comprobarlo en el próximo tapas!
Y recuerda, la música sólo existe si hay alguien que la escuche.
Post escrito con el disco “Daiquiri Blues” de fondo, Quique González, con extractos del programa de difusión científica Redes, Eduard Punset. Gracias equipo Tapas.














Muchos niños estadounidenses se aprendieron los países del Mundo así http://www.youtube.com/watch?v=IDtdQ8bTvRc
La música, definitivamente, ayuda